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Artículos publicados

Algunos de los muchos artículos publicados desde 1992 en diversos medios: prensa escrita, revistas, en papel y online.
El caballo Xelin... Esa imagen que, aunque ustedes los taurinos tratan de ocultar, ha dado la vuelta al mundo conmoviendo a los sensibles, a los que la ética la moral y el respeto por la vida de los animales de verdad importa...
A Rafael Peralta, a propósito de su articulo “Brindis por un caballo torero”.   Destacado KAOSENLARED.NET
Escrito por  Pepi Vegas
 

Anoche no pude dormir. La imagen dantesca de un caballo blanco corriendo despavorido arrastrando sus tripas en la arena, me encogía el alma. Esa imagen que, aunque ustedes los taurinos tratan de ocultar, ha dado la vuelta al mundo conmoviendo a los sensibles, a los que la ética la moral y el respeto por la vida de los animales les importa.

A los que no comparten ese mórbido  placer por el dolor ajeno, sino todo lo contrario. Ni el gusto por la muerte de otros, como parece ser el sentido primordial de la tauromaquia.

La tauromaquia, esa fiesta de ustedes que pretenden sea de todos, pero que  afortunadamente no lo es. Por el bien y la cordura de las próximas generaciones, no lo es. Esa fiesta,  señor Rafael Peralta, que sólo el hecho de llamarlo fiesta ofende, pues su verdadero nombre es muerte, sólo eso, muerte real  previa tortura de cuando menos 6 toros, en cada función.

En ocasiones se añade la muerte de algún caballo, de estos, del rejoneo.

O del caballo del picador, ese que siempre muere  y su muerte no es espectacular, ni conocida. Porque él no galopa por la arena del ruedo  arrastrando la cascada de sus vísceras y relinchando. Entre otras razones porque previamente se le han cortado las cuerdas vocales.
Él no huye despavorido del toro. Entre otras razones porque no le ve, ni le huele, ni le oye. No le ubica. Sus ojos están vendados, sus orejas y sus fosas nasales taponadas.
Hasta ahí llega el arte y la grandeza del toreo.
Y su cuerpo recibe los encontronazos del toro rompiendo sus costillas, perforando su abdomen… que nadie ve, porque lo tapa la falsa protección que le cubre.

No pude dormir señor Rafael Peralta, y sin ser la dueña del caballo lloré por él. Pero mis lágrimas no fueron por el fracaso o por la pérdida económica, o por el cariño del propietario que usted indica. Lloré por el animal.
Por ese caballo al que llamaron Xelín y que,  señor Rafael Peralta Revuelta, no es un caballo torero, ni gloria del rejoneo, ni está en el paraíso torero ni en el Olimpo de los elegidos, ni es un héroe, ni defendía a su dueño del peligro. Tan sólo era un bello animal explotado y humillado, que obedecía dócil, lo que mediante cruel  aprendizaje se le había obligado a realizar.

Cuanta estupidez en el argot de ustedes, cuanta mentira que ni ustedes se creen, cuanto egoísmo, explotación y maltrato animal. Y que poca visión real de eso que se empeñan en proteger, en blindar y llamar arte y cultura, cuando sólo es negocio de unos cuantos. Cuando sólo es maltrato y tortura de animales, por diversión y legalizado.

¿Se puede usted imaginar a sí mismo, señor Rafael Peralta, solo, arrastrando sus tripas por la arena y corriendo por el ruedo hacia su propia agonía?

Pepi Vegas
1 Mayo 2012
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El toro volviendo a chiqueros tras ser indultado por José Tomás en Nimes.
De la magia y el engaño. El toro indultado
  Destacado KAOSENLARED.NET
Escrito por  Pepi Vegas
 
Como si de una religión se tratase, la tauromaquia tiene fieles, seguidores y conversos que se convierten en “apóstoles de la verdad”.

No quise ver ni leer, no quise empaparme de ese aroma que inundaba los medios con insistencia obsesiva, pues para mí ese aroma solo olía a sangre.

Anoche antes de irme a dormir volví a escuchar en la televisión la “noticia”, el toro que José Tomás indultó en Nimes se recupera….

A desgana leí algo sobre el tema, un artículo de hace unos días en elmundo.es,  suficiente.

Como si de una religión se tratase, la tauromaquia tiene fieles, seguidores y conversos que se convierten en “apóstoles de la verdad”.

Según el artículo acudían los creyentes y los nuevos convencidos en tropel y había captación de adeptos a la “llamada del toreo celestial”.

Yo entiendo esa parte de un guión y  puesta en escena espectacular, del colorido brillante, esa mezcla de música, de valor, el revoloteo del capote como una danza de mujer, los movimientos y gestos teatrales masculinos, aunque entrelazados con estética y nombre  femenino, y unas dosis de masoquismo o aceptación del riesgo,  la parte del marketing , el arraigo…

Yo entiendo aunque no acepto, esa forma de expresar los taurinos la supuesta sublimidad del toreo, la gloria, el arte y la belleza con un argot propio, que roza lo espiritual, en ocasiones  incomprensible para el común y creado para describir el momento.

Entiendo a los espectadores en la plaza, ante la emoción, el morbo, lo impredecible, el miro pero no miro, el revuelo de la fiesta, el jolgorio, los amigos la tradición de los borregos… “me gusta  porque si”.

Y sobre todo entiendo el negocio que  aglutina, envuelve y sumerge en esa  magia, a todo lo antes mencionado.
Pero me asombro de cómo el mundo taurino prescinde del animal, del individuo, del  bóvido aterrorizado  que se desangra poco a poco, que muge de dolor, cuyos gestos son de defensa ante una situación impuesta y sin sentido para él, que se ahoga en vómitos de sangre, que no quiere estar allí, nada mas salir corre y gira en la plaza buscando la salida….que no quiere morir.

Me asombro de cómo en el mundo taurino lo interpretan con términos como nobleza, entrega, pasión, bravura, trapío, complacencia, colaboración, danza y placer del toro. ¿Los taurinos son memos, son ciegos, están locos o son unos grandísimos hipócritas?

José Tomas un gran actor, que todo esto se lo sabe, interpreta a la perfección el papel de protagonista absoluto que todos quieren ver. Conoce las verdaderas reacciones y motivos del animal. Cada movimiento, cada gesto es un engaño, al toro y al público, que enredado en la magia absorbe cada  acción ávido de emociones. Efectivamente, es un profesional  bien pagado, torturando y matando toros.

Hasta el toro que indultó tiene su razón en el juego de engaños y sensacionalismos de José Tomás. El gesto teatral de la estocada al final sin espada, levantó pasiones, tal vez lágrimas de complacencia ante la sublime misericordia del “maestro”.

El cuarto toro, el nombre no importa  ya que  sólo es un requisito en el trámite de su contrato de venta, fue indultado, devuelto a los corrales y cuatro días después a la dehesa, donde sigue siendo bandera y protagonista del toreo del gesto y la misericordia de José Tomás. El cuarto toro, que con dos profundas, tremendas heridas por lanza y siete heridas mas por arpones, con 70 kilo menos al salir de la plaza, con su sistema nervioso y síquico destrozado y con dolores y secuelas de por vida, se recupera entre otros toros de su misma condición. Si sus secuelas le permiten cumplir como supuesto semental  vivirá unos años más que sus compañeros, asesinados  esa tarde en Nimes.

El indulto es la magnanimidad y la hipocresía del amor taurino.

Pepi Vegas
23 Septiembre 2012
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Dingo, Argos y Anubis. Dedicado a mis perros del alma que ya no están.
Caminar a cuatro patas   Destacado KAOSENLARED.NET
Escrito por  Pepi Vegas

 
En algún momento relativo del tiempo, tal vez hace cien mil años, los caminos del hombre y el perro se cruzaron.

Debió ocurrir que aquellos  pre-humanos del Pleistoceno, hace más de dos millones de años, en un intento desesperado por sobrevivir descubrieron la habilidad de caminar erectos, dejando así dos patas libres para empuñar armas con que defenderse, ya que carecían de otras propias como garras o grandes colmillos.

Pero él no lo necesitaba. También mamifero, también carnívoro, valiente, inteligente y noble, de gran belleza, por dentro y por fuera, el perro.

Este animal hizo su aparición en la tierra en la Era Terciaria, setenta millones de años antes que el hombre, naturalmente aquellos cánidos tenían poco parecido con los actuales.

A finales de esta Era, en el Plioceno, hace diez millones de años, apareció un ejemplar canino de rasgos más parecidos al perro actual, era el Canis. De él proceden todos los cánidos que existen (lobo, coyote, chacal, zorro, foca…)

Cinco millones de años más tarde apareció el Canis Lupus, el antecesor directo del perro lobo y padre de todas las razas actuales.

Por aquel entonces el mamífero hombre tenía poca importancia frente al Canis, tan sólo era un pequeño primate que vivía en los árboles y cuya única defensa consistía en huir.

La evolución siguió su camino y la omnipotente Naturaleza su selección natural. Ocurrieron grandes cambios climáticos y hubo grandes glaciaciones en el Pleistoceno. Por cuatro veces los hielos polares invadieron los continentes, intercalándose periodos templados, que las criaturas aprovechaban para reproducirse y cambiar adaptándose al ambiente.

Fue en estos tiempos cuando el hombre comenzó a caminar erguido. En un intento de cazar, en lugar de ser cazado, las distintas partes de su estructura fueron adaptándose y cambiando a medida que su instinto de supervivencia se lo exigía.

En algún momento relativo del tiempo, tal vez hace cien mil años, los caminos del hombre y el perro se cruzaron.

Probablemente los primeros contactos fueron debidos a la gran semejanza en el comportamiento de ambos: las dos especies vivían en grupos que dirigía un jefe o macho dominante, empleaban el mismo método para cazar, en grupo, acorralando a la presa y en ambos casos parte de la caza era transportada a la caverna o guarida para abastecer a los cachorros que se habían quedado al resguardo.

Se observaban mutuamente. El hombre comprobó que el perro era más veloz que él y olfateaba la presa a mayor distancia. El perro por su parte se asombraba de ver como los humanos lanzaban comida fuera de la guarida, huesos y partes duras, que él recogía ávidamente. De esta manera el perro comenzó a rondar por los alrededores de los asentamientos humanos y el hombre vio que su presencia le alertaba ante la proximidad de algún intruso.

Poco a poco se fue estableciendo una especie de acuerdo por ambas partes.

A medida que el hombre avanzaba en su evolución el perro fue uniéndose más a él.

De alguna manera se había establecido un contrato: alimento, cobijo, calor, ya que el hombre poseía el fuego, a cambio de vigilancia y colaboración en la caza.

Más tarde, cuando el hombre domesticó otras especies y se hizo sedentario, el perro fue su fiel compañero en el pastoreo y las labores del campo. En cierto modo los humanos obligaron a los canes a seguirlos, abandonando los bosques, a través de su evolución.

Fiel y diligente, el perro acepto cuantos trabajos los hombres le fueron encomendando. Compañero y amigo, luchó  en las guerras a su lado, guardó su ganado y su casa, compitió hasta el límite de sus fuerzas para conseguir títulos a su amo. Se adaptó a las absurdas exigencias de los humanos incluso cambiando de forma, no olvidemos que las razas de perros que existen en la actualidad son el resultado de manipulaciones y selecciones genéticas. Se le ha agrandado o reducido el tamaño, acortado las patas hasta el ridículo en el caso de los bassets, el galgo tan delgado y frágil que parece romperse, el chihuahua, reducido a la mínima expresión como perro, aunque él se sienta por dentro como su antepasado Canis Lupus.

Mientras el perro fue útil a nuestros intereses todo iba bien, los canes trabajaban y los humanos, en parte, se lo agradecían. Pero sigamos avanzando.

Hemos construido grandes ciudades, hemos talado los bosques que un día les cobijaron, hemos hecho autopistas y máquinas veloces que ellos no comprenden y que les atropellan sin ningún sentido…

Lejos han quedado los días en que ambas sociedades eran semejantes.

Gracias a nuestras acciones e intervenciones en su camino evolutivo, los perros callejean por las ciudades perdidos, entre asfalto, ruidos y polución. O deambulan por carreteras, donde su dueño les ha hecho bajar del coche, hasta que otro coche, en el mejor de los casos, tritura su cuerpo cansado de caminar. O son abandonados en cualquier parte, después de pasar su infancia con una familia humana.

A veces ellos crean su propia familia, pero el medio les es hostil, y cachorros y progenitores mueren en poco tiempo de hambre y penurias.

El humano es un ser corruptible, el perro no.  Y el hombre cruel y descaradamente ha roto el contrato. Y como consecuencia de esa ruptura el perro está sufriendo la mas degradante etapa en su historia evolutiva.

Jamás volverán al bosque que sus antepasados abandonaron al asociarse con el hombre.

Primero porque aquellos bosques repletos de vida ya han sido destruidos y segundo porque con tantas manipulaciones sus instintos han sido alterados, no pueden recordar porque están aquí, y mucho menos que deben hacer para sobrevivir.

Si son abandonados por su dueño se limitan a buscar por la calle… y, ni siquiera les dejamos basura.

Evidentemente la humanidad tiene una deuda con esta especie animal. Los hemos engañado. Los utilizamos y abandonamos aquí, en nuestro mundo, no en el suyo, en este mundo artificial que hemos creado y que a duras penas podemos soportar.

Los hemos domesticado, somos responsables de su futuro. Son una especie que tiene consciencia de sí misma y por tanto dignidad. Y aman, y sienten el dolor como  nosotros.

Es posible que su único problema sea que sus antepasados ancestrales seguros de sí mismos, no tuvieron la necesidad de caminar erguidos y decidieron, a través de los milenios, caminar a cuatro patas.

Pepi Vegas
28 Marzo 2012
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La soledad del toro
Corre... corre libre!    Destacado KAOSENLARED.NET
Escrito por  Pepi Vegas
 

No se puede imponer como tradición cada acto que un pueblo realiza en un momento de su historia, sea de la índole que sea.

El toreo nació de la ignorancia, el hambre y la miseria del pueblo, recordemos los comienzos con aquellos “maletillas” buscándose la vida de pueblo en pueblo…

Hoy todo se ha magnificado y convertido en un inmenso negocio, muy lucrativo para ganaderos, toreros, empresarios y demás individuos, generalmente poco cultos, machistas y crueles con los animales, que venden el evento incluso fuera de nuestras fronteras, como algo innato en todos los españoles, asociado a la silueta de un toro negro que no es más que la marca de otro negocio de alcohol español.

“Hispano carácter”… ¿Acaso españoles no somos todos? La verdad de España no es sólo negra, existen dodos los colores del Arco Iris.

El negro es la negación de la luz y luz les sobra a los espíritus sensibles españoles, a los artistas, creadores, los idealistas, los que se cuentan la verdad a ellos mismos, no la inventan para que la crean los otros.

Quiero creer en una España luminosa, en un mundo lleno de luz. Y si no es así para eso estamos, para encender las luces...

Te narraré una corrida de una tarde en que bajé del pedestal donde nos hemos auto-encumbrado la especie humana y me colé dentro del toro. Esto es lo que intuí…

Cuando el toro sale a la plaza ya es un animal maltratado, por tanto aterrorizado. Inspecciona el terreno intentando hallar una salida. Es obvio que se encuentra en un lugar extraño, donde el griterío humano y la música estruendosa le asustan terriblemente.

Interceptando su paso encuentra un hombre, o varios, que agitan un trapo en sus manos. Su reacción inmediata es atacar, embiste por miedo.

Pero una y otra vez es burlado por un enemigo que no aguanta el encontronazo como lo haría otro de su especie, si no que desaparece en el aire. Confundido por este comportamiento se detiene, a veces retrocede y nuevamente es invitado a una pelea que no está dentro de su esquema.

Poco después, desde lo alto de un caballo blindado, es atacado con una lanza que, mientras él lucha con el caballo medio sintético, se hunde en su espina dorsal provocando una enorme hemorragia y un dolor insufrible.

El caballo traidor desaparece, el ruido es ensordecedor y nuevamente el enemigo del “trapo”, al que es imposible enfrentarse porque no tiene cuerpo. Puede que con algo de suerte podrá tropezar con uno, podrá zarandearle o herirle, pero de inmediato aparece otro igual que lo sustituye.

Banderillas: arpones de colores que se clavan en sus costados a traición y que con sus propios movimientos desgarran la carne.

Dolor, terror, a veces mugidos desesperados, ¿llama a los suyos? La jauría humana aplaude, se divierte, se excita. A quien le excita el dolor de otro ser vivo es un sádico.

Más tarde, cuando las fuerzas flaquean por la tremenda hemorragia que cubre su cuerpo, cansado de luchar con un mentiroso, busca de nuevo la salida. La cerca es hermética, morbosamente redonda, no puede, ni tan sólo, refugiarse en un rincón.

El que ha de acabar con su vida aparece, más mentiroso que nunca pues esconde tras el trapo una espada que él no ve, y que se hunde sin aviso en su cuerpo torturado.

Ataca a su agresor, berrea de impotencia cuando sus ojos ya no ven nada… se va hacia la cerca… y mansamente se echa en la arena. El dolor y la desesperación bloquean su cerebro animal.

Es posible que en esos momentos la cerca desaparezca, la hierba verde se extienda ante sus ojos, y a lo lejos vea a los suyos junto al abrevadero de aguas claras que tanto desea beber.

Alguien se ensaña en su cuerpo y le clava un puñal en la cabeza, y le corta sus orejas, pero ya no importa. Él corre… ¡corre libre!... retozando en su pradera.

Un toro, contemplado en su hábitat natural es impresionante. Por su personalidad y trapío, sus bramidos detonantes, su fortaleza y su belleza.

Un animal de esas características debe ser respetado y protegido en Parques Naturales. Nunca degradado, torturado hasta la muerte en una fiesta cruel y vergonzante.

Pepi Vegas
27 de Julio de 201
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